viernes, 18 de octubre de 2013

 

El imperio de la pusilanimidad


 


Siempre cabe ante las deducciones nocturnas la posibilidad descorazonadora de encontrarse a uno mismo interpretando el papel de su versión más desatinada. La trasformación es una cadena de ligerísimas variaciones de marea y ya no poseer, como en la juventud, destreza en el frágil arte de la convicción y el orden rotundo, debería sorprendernos muy poco, en realidad.
Parece que razonar es sopesar las probabilidades en la balanza del deseo y no es de idiotas advertir un sorpresivo dejo de alegría, un rastro de liberación ante el fracaso de regatear con el patrimonio único que es la voluntad.
La conquista sobre el deseo suele someternos en un estado de inquietud ante la eventualidad de ver lo obtenido corromperse y disiparse como la presa de un depredador en el desierto, presa a su vez de las codiciosas larvas de carne. Debe ser que el deseo y el éxito son momentos que no siempre comparten un punto de partida y, con mucha menor frecuencia, un punto de descanso.
Temblores nocturnos y un compromiso ineludible de repetir y eclipsar ad infinitum las casualidades que nos colocaron en un pináculo que, parece, ante nuestros ojos incrédulos, colapsarse antes de acabar de edificarse.
Olas que se quiebran entre las rocas y desechan con violencia el excedente, ambicionan la quietud de las aguas serenas, sin saber que éstas, bajo su inmutabilidad agobiante guardan podredumbre que es la resulta de jamás haber colapsado en contra de ellas mismas.
 Es así que el fracaso, fruto de la pugna contra el propio "yo", se asemeja lo suficiente al alivio, sintiéndose real y definitivo como pocas cosas. La belleza del error, un imperio revuelto de sargazo y brea, estridente e indisoluble, otorga un beneficioso sentido de orientación y, súbitamente, una cordura superior al de una victoria rebatible.


viernes, 2 de agosto de 2013

Misiva para Jane. (The Foreverness).




La parte trágica del chiste de Dios radica crear dos personas perfectas, una para la otra, y colocarlas en un plano incompatible. Dos ideas diametralmente distintas de lo eterno que se empalman como el mar y el cielo. Eres fugitiva del aquí y ahora, y yo del mañana y para siempre. 


Viajo en la vida, perdida en la transparencia de una hoja empapada del sol de la mañana, mientras tú, lejos de aquí te embebes en la perspectiva de los rayos que iluminarán un día que ni siquiera has visto venir. Lo ilusorio vuela tu mente como lo real y palpable vuela la mía. 

Como verás, mi amada J, nuestra sinfonía no es tan distinta después de todo. Es solo que mis fragmentos se arremolinan y eligen las notas más improbables, las más tirantes; y tus fragmentos, aunque paralelos a los míos, eligen hallarse en una armonía tan cadenciosa y brillante como trágica y comprometida. 


Temo que debemos entender que nuestro misterio es de fondo un error de percepción desde trincheras opuestas. Pienso, es bendición disfrazada de maldición ésta eventualidad de ser ritmo que abate, acordes accidentados, letra impronunciable; música que nadie, hasta ahora, ha sabido interpretar. 


Últimamente todo es demasiado y ya nada es suficiente.


V.

sábado, 27 de abril de 2013

El Imperio de la Inmutabilidad.

Pero por favor quédate un rato más a compartir mi luto. Vives bajo la constante amenaza de mi propia extinción, pero nunca terminas por entregarte al hecho de mi ocaso.
Es la mínima elección que todo ser humano, hasta el más bajo, si gustas, debe tener. Quedarse tras el balcón o saltar desde el borde; sentir la brisa ondulando las cortinas en la cara, o el pavimento definiendo la humanidad.
Entre quietud y muerte, elijo la muerte. No puedes encontrar vida refugiándote en la paz, ni paz eligiendo la vida. 
Es contraposición y antítesis; los poetas, los revolucionarios, ellos mueren, los quietos viven, los optimistas viven y el amor mata. El amor no es soportable cuando hay tanto o tan poco que te lleva a dejar de vivir.

Me gusta creer que elijo lo significante sobre lo fácil. ¿Soy demasiado vanidosa creyendo que elijo del todo? El ruido sobre el silencio y la quietud. ¿Es ésto cierto, siquiera?

A ti ya te desconozco, transformado en un lobo más de la misma jauría que solías tener a menos. Aúllas preguntando por qué elegí la sacudida violenta del aguijón insolente de la realidad y no la anestesia placentera de una vida de virtudes precisas. 
El imperio de inmutabilidad.
 Buscas lo que solía ser en el silencio profundo. Te encuentras aullando solo. ¿Cómo se siente?

Recuerdo alguna vez escucharte decir que yo soy como una estrella fugaz, en el peor valor del término. 
Una fuerza natural, indiferente y destructora, viajando sin rumbo en el vacío y en la obscuridad. Así terminaría mi marcha entonces, en colisión violenta. En desintegración quizás, batida por la fricción en contra de un cielo al que he amado tanto como él ha de terminar por fracturarme.
Es así como todo este tiempo has decidido tú amar a alguien que se ha adherido a tu costado únicamente para saciarse de tu sangre.

Temo por mí, pues sospecho que he sido en completo sentido todo lo que cualquiera puede ser y se me está comenzando a agotar todo pretexto, como el pan después de un invierno largo, todo excepto mi certeza de tu espíritu manso y hambriento de significado. 
Por ti ya queda poco que hacer.

Somos un ramillete de necesidades retorcidas. 
¿Será que entonces uno no conserva el poder de elección? Solo el poder de saber qué es lo soportable... Lo que es la vida y lo que es la muerte.
Temo por mi que miro la vida a los ojos. Es el rostro de una madre. Familiar y temible, amada por lo que es y postergada de sol a sol.
Fue muy tarde cuando lo supe.
Se nos acabó el mundo a destiempo.
Y con todo y eso hay gente que sigue haciendo parrilladas, los templos se llenan los domingos y se siguen proclamando aleluyas.
No te vayas todavía, estamos de luto, ¿recuerdas?
Tenemos un algo que velar. 
No he terminado contigo y el sol no se oculta aún en mi horizonte.







jueves, 4 de abril de 2013


Mi vida fue el invierno, impasible y seco. Los hombres que conocí en el camino, mi único estío.

De noche anegaba mis ojos con visiones mías riendo, bailando y llorando con ellos. Años bisiestos en el itinerario de una inagotable gira mundial, los únicos instantes realmente felices y mis recuerdos de ellos son ahora los que me sostienen...
Un día fui escritora, una no muy popular. Un día tuve sueños de convertirme en una preciosa bailarina, pero en un rosario de eventos desafortunados vi esos sueños quebrados y divididos como un millar de diamantes en el cielo crepuscular; deseaba que nunca se terminara, centelleante y fracturado. Y yo sabía que obtener todo lo que siempre has querido para luego perder todo es síntoma del que sabe lo que es la verdadera emancipación.

Cuando la gente que solía conocer averiguaba lo que había estado haciendo, cómo era el son de mi vida me preguntaron <<¿Por qué?>>. La utilidad de hablar con gente que tiene un hogar, no comprenden lo que es buscar seguridad en otros y un refugio donde sea que puedes descansar la cabeza, si bien por un rato.

Siempre fui una niña extravagante. Mamá dijo en una ocasión que tengo alma camaleónica; sin mapa ni brújula moral que me apunte al norte, sin personalidad enmendada; solo una irresolución tan sinuosa y extensa como el océano. 



Cada una de mis noches oraba por encontrar a los míos, y finalmente lo hice. Gente de carretera. No teníamos nada que perder, nada que obtener, nada que deseáramos más que hacer de nuestras vidas obras de arte.

Vive rápido, diviértete, se salvaje y muere joven.

Creo en lo que ésta nación solía ser, creo en la persona que me quiero convertir, creo en la libertad del camino y mi causa no ha cambiado. Creo en la benevolencia de los desconocidos y cuando hay guerra en mi interior, enciendo el motor y conduzco lejos.

Y si dijera que no planeé que las que mi vida virara hasta este punto, estaría mintiendo insolentemente, pues nací para ser ésta otra mujer. La que no pertenece a alguien, la que es de todos. La que no tuvo nada y la que quiso todo. Con un tiro de bala por cada experiencia y una obsesión por la libertad que, a veces me aterra hasta el punto de no poder siquiera hablar de ella. Me arrastra hasta un punto nomádico que deslumbra a la vez que marea.

¿Quién eres tú? ¿Estás en contacto con tus más obscuras fantasías?

¿Te has fabricado una vida para ti en la que eres libre de experimentarlas?

Yo sí.

Estoy demente como el carajo. Pero soy libre.



jueves, 28 de marzo de 2013

Kilometraje

¿En qué momento decidimos volvernos adultos? ¿Qué nos llevó a cometer ésta locura? ¿Cómo lo detenemos? ¿Recuerdas el momento en que te subiste a este carro?
La carretera compleja parece no tener pueblos aledaños ni refugios con camas tibias para descansar. Son demasiadas las señales y bifurcaciones. Los días y las noches pasan desde el asiento del conductor; pasa la gente, pasa el abandono, pasan las obligaciones, pasa la búsqueda, pasan con severidad.
Hay demasiadas vueltas que no deseo dar, demasiadas lineas que no deseo atravesar, tantas memorias que me quiebran la frente como lo hacen las líneas del atardecer desde el horizonte. Ellas son las que calientan peligrosamente mi motor y lo que lo echa a andar, aún me tuerzo por entender cómo funciona. Maquinaria de la nostalgia.

Parece que ya han pasado eones en el túnel desolador al que me interné hace tanto. Aquí no llega la lluvia ni su olor, no hay relámpagos que llenen de electricidad el aire, las luces artificiales alumbran día y noche y no respetan mi hastío.

Yo quiero que alguien me espere del otro lado, alguien que me resguarde del camino, pero ya no puedo recordar las caras. Diría que ando tan dentro como cerca de salir. ¿No soy lo más común y ordinario?
Quiero tener un hogar, una guarida a donde llegar cuando el cielo me empape. Quiero mar, quiero café, un sweter que huela a brazos tenues y un sillón para leer cuentos. Un amparo de la soledad y una ventana con jacarandas. Luna. Viento en el comedor.
Pero si nunca llego, quiero que tú me acompañes, que sintonices en la radio las canciones amas, que duermas mientras yo conduzco, que toques mi rodilla y en silencio mires el camino. Que si bien descifres por mi mirar que no sé a dónde vamos, me provoques con tu brío tierno a estrujar el acelerador y me preguntes con tu voz preciosa ¿Cómo haremos para nunca tener que parar?

martes, 19 de marzo de 2013

Otherwise we are lost.







Y de la duela severa surge Pina Bausch a trenzarse con la vida.
Famélica y etérea. Trémula y cargada de soledad. 
Con ella baila el viento, con ella baila el invierno y baila la humanidad. 
Sus ojos cerrados vigilan el caudal del río y con ella es el río.
Los destellos acuosos se ciñen en su cintura.
Al mirarla lloré.

Con dedos flacos aforas al universo, como el sastre hace con las pulgadas de tejidos.
En tu lienzo se condensan la vida, amor, libertad, la lucha, la nostalgia, la alegría, desesperanza, reunión, belleza y fuerza.

A los amantes imposibles los vestiste como flores en los huertos.
Gemir de damas y temblar de los varones; Paralelos crecen sobre hojarasca, se miran y se enamoran. Castañean sus dientes porque se echarán de menos desde siempre y para siempre. 

La duda traza el porvenir. La fragilidad del hombre no es sino su más temible fortaleza. 
¿Qué estamos buscando? ¿De dónde viene este anhelo? ¿Qué estamos dispuestos a dejar? ¿Qué estamos dispuestos a cargar?

Danzas para no olvidar, para dar voz a todas las veces que nos dejan sin palabras. Danzas por todo y para nadie; para todos y por uno, porque soñar ya cuesta muy caro. Difícilmente vive alguien que lo pueda costear. 

Cuerpos enlodados hablan en un lenguaje secreto.
De la furia del amor, violencia terrenal...
Palabras estériles. 
Es menester darlas por aludidas porque ya nadie las quiere escuchar. 


Mesitas de té dispuestas entre las rocas de una fría corriente
evocan el cortejo fúnebre de besos gélidos y rugosos a fuerza de la costumbre.  

,
Alma espejos que capturaste los resplandores abstractos del mundo y
los liberaste en visiones sencillas para que el mundo en sí
interprete y entienda qué coños ha sido de él.

Te quedaste con nada.
Lo entregaste todo. Después, mujer ingrávida de manos vacías, diste giros. 
Como el agua, como la tromba.
Te arremolinaste en telas, diste gritos de amor y cayó,
con el tronar de las nubes,
el telón de tu bella infinitud.


miércoles, 6 de marzo de 2013

El Mal Necesario.


Ya saben, hay gente que tiene hábitos que matan. Ariadne. Ariadne, por ejemplo gustaba de fumar. No, no fumar. Es necesario re frasear. Gustaba de exhibirse como una baronesa con cigarros más largos que una cuarta.Su manera de reírse frente a sus potenciales amantes era corrosiva, tóxica, cancerígena... Al menos, para Leon, lo era.

Lo poco de la suave y entrañable Ariadne original que Leon aún podía amar, y que a últimas fechas se había disfrazado bajo aquella coraza petulante y escotada, yacía ahora a medio metro bajo el fango.

Una mano con dedos rotos sobresalía entre toda la hojarasca; igual que las raíces de un arbol pigmeo,como un último y lánguido adiós para su compañero de traiciones.Leon, quizás habría perdido sus mancuernillas y un par de uñas en el transcurso de la noche, pero ahora, de pie y tiritando en su costoso traje, observa con ojos desorbitados,cual artista del homicidio, el montículo de tierra mojada.
En sus fosas nasales bailaba aún la fétida fragancia de Ariadne. Un conjunto de Chanel y vísceras que amenazaba con hacerlo vomitar.

Sabemos vivir confiados de nuestros códigos morales, creemos saber de lo que nuestro temperamento nos puede apartar, como quien identifica y racionaliza los personajes de un libro. Incautas presas de la mirada furtiva de un monstruo que se llama Pasión e instinto, ése que poco sabe de las fronteras de la modernidad, de lo ecuánime, que babea sobre el pensamiento racional.
Todo en la formación de Leon ha fallado en prepararlo para sortear las garras del Monstruo, y nada lo habría podido preparar ni remotamente para saber lo que se debe hacer cuando has caído en lo más cortante de sus garras.

Súbitamente un ruido extrajo a Leon de su ansiosa embriaguez. El crujir de ramas hizo estremecer de terror al bosque entero. Ni las voces rugientes de la tormenta habrían de disimular la obscuridad que decidió tomar tierra esa precisa noche. El crujido vuelve a oirse de nuevo. Cercano, voráz.

Con piernas que ante el pavor se olvidaban de como funcionar, Leon se precipitó en dirección contraria a la fuente de aquellos pavorosos crujidos, colina arriba. Poco hacía caso a las varas, insectos y piedras que golpeaban y hacían zurcos sangrientos en sus pies desnudos. Pronto se dio cuenta de que aquel crepitar de hojas que advertía tras él no se trataba de lobo alguno o cosa viva semejante. Era algo peor. Algo que ya gemía en su nuca.
Luchaba por recuperar el sentido, la cordura.
Así como de niño se huye de el tenebroso vacío al apagar la luz de la cocina, también Leon huía y era constante dolorosamente tropezar. ¡Que estúpido se sentía!.Por instinto se ayudaba de las manos nudosas que los árboles le conferían, de esta suerte que lo pálido de sus manos entumecidas bajo la mordedura del frío, se enturbiaba de salvia y sangre. Sangre suya y de Ariadne. No gritó cuando percibió que algo había tirado de su cabello.

Sus pulmones conjelados protestában. Con un bramido, hace un esfuerzo final y sobrehumano por dar la última zancada en el lodo y pisar la carretera.
Inesperadamente, los gemidos y crujidos cesaron en el instante. Leon creyó por un momento que las venas le explotarían dentro de las sienes. Se postró en el piso y volvió el estómago.Se limpió con una manga inmunda e hizo por incorporarse.
Buscó su Buick Wildcat 1963, enceguecido por la luz súbita de los faroles.Allí estaba, justo donde lo había estacionado. Tan rápido como pudo se aproximó al vehículo. Pero paró en seco.

Algo debió haber hecho mal, muy mal. Electricidad desquiciante atravesó su cuerpo al notar que de la ventana del conductor emergía una mano delgada y lívida. Sostenía un cigarro largo. El más largo que Leon hubiere visto en toda su maldita vida.

...Fué entonces que lo supo. Ariadne era un mal necesario.

lunes, 18 de febrero de 2013

De Glotones y Traidores.



La virtud es una mala madre, una iglesia enorme.
La virtud de por si es escasa y se debe repartir entre demasiados.
Es así que debe fundamentarse en la mesura misma,
de este modo, para todos los hijos hay.
Tal como el cáliz de la eucaristía,
el capitalismo de la saciedad.


Que maldiga quien solo ha tomado de la leche bronca y escasa de la virtud.
Encontrará que es en el escenario de lo infame donde se revelan cúmulos de exquisitos festines.
Tres, seis, nueve, ¡infinitos tiempos!.
En cada uno, hay llenura,
efímera,
fugaz...
como todo lo que es bueno.


Deleite monstruoso.

Vasto de la belleza más accidental, repentina y secreta.
Son errores y ofensas al mundo moderno las que nos embriagan y nos extasían.


Belleza frágil.

Tan frágil que describirla con letra pequeña es un deber.
Como los cantos desafinados de un infante.
Como un brote de mala hierba en el pavimento.

Hombres con prodigiosos dedos índices dirigen un mundo virtuoso.
Consumidos por el hambre,
reparten juicios vanos y discursos pesados.
Llaman vacío, repulsivo, grotesco y vergonzoso a éste banquete nuestro.
Espían desde afuera de los ventanales un comedor tan vulgar como apetecible.
Nos miran como un hombre que no puede despedirse de la vida.


En ésta mesa, el desamor es arte terrenal, la tristeza es gloriosa.
La obscuridad es postre excitante y
la traición es licor embriagante que limpia el paladar,
cura el empacho (ajeno)
y controla el apetito nocturno.


Insatisfechos pecadores.
Somos los perseguidos,
somos los traicioneros.
Somos poseedores de la verdad detrás de la verdad,
de los sabores originales,
de los sazones auténticos.

Toma asiento, hay mesa para todos y un lugar para ti.

sábado, 16 de febrero de 2013

IV.







Los días se te disipan así de tenues; 
Con perlas lunas blancas, con soles llamas palpitantes. 
Cigarras que a caudales sus historias narran, 
de olores a hierba, de aves gigantes.

A tu gusto soy cómplice y villano de aventuras.
Me fijas al aquí y al ahora, al tú y yo-juntos.
De ésta realidad de desolaciones,
eres maestro con dulzura.

Asiduo besas a labios llenos,
cual la tinta en el papel. 
te adhieres en cada abrazo. 
Cedes todo espacio.
Para ti no hay argumentos buenos
para, en el óleo de la vida,
 no entregarse con cada trazo.


Por eso, nunca hay suficiente soledad, 
nunca suficiente duda. 
En tu ombligo, el misterio cardinal
de cuando Dios ríe o estornuda.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Serendipia.



Padecer la crucifixión de vivir amando a una mujer imposible, puede no solo darte la fortuna de ser arrojado bruscamente y de un tajo a la realidad. Puede también adherirte, como pocos episodios, a la máxima plenitud de la vida.
Visualízate como yo lo hago contigo, disponiendo del sufrimiento como oxígeno para alimentar la flama gloriosa y pasajera de nuestra existencia. Ésta que, en su final, es tan ligera como una broma de niños.

Entreveo en el dar y recibir de una relación amorosa, más allá del velo de ternura y arrebato primero, un acto de eterna repetición; dato para etnólogos del sentimiento, un patrón de lineas en monocromo cuya horizontalidad es abrumadora, si lo comparo con la sutil, única y absoluta belleza del sufrimiento por desamor.

El pequeño porcentaje contrastante entre un hombre y otro reside, desde mi trinchera, en el tono de sus días más obscuros. Solo en la decadencia, en la cúspide del abismo melancólico, la millonésima parte diferencial, como borbotones de la leche en ebullición, surge hasta la capa más externa del ser.

El animal opreso rompe su encierro, su hechizo de encorvamiento ante lo civil y lo razonable. Iracundo, maldice y llora por éste azar de amar lo que le ha de ser negado (azar más cercano a la serendipia que a la crisis, no nos dejemos engañar).

Con crujido lacerante, un surco se abre en tu caja de caudales, permitiendo que éstos se exhiban limpios, incluso de tu voluntad, para ver si así, de una vez pudieres alcanza a reconocer el fuego de tu alma a flor de piel. ¿Duele? Amigo mío, nunca has estado más vivo que hoy que sientes que te mueres.
Morir de desamor es la afirmación más clara de que se vive. Igual que el brillo de un relámpago que calcina las montañas, iluminando una vida para siempre.



lunes, 4 de febrero de 2013

Si bien no pueden quererte.

Siendo yo arquitecto de mis caprichos, poco me importa lo imposible que es que tu me quieras. Ni ambiciono explicar este irrumpir tuyo en el fondo de mi alma.

Como la ostra, como el caracol que secreta su propio hogar, así has hecho tú en el fondo de mis entrañas. No creo en nada que no sean los hechos y ésto es un hecho para mi. 

El que en un momento tu fuiste en ésta vida mía, lo guardo vivo adentro. Tanto así, que vive con mayor voracidad que tú mismo que mueres a diario, a fuerza de desventura, estrujado bajo el peso de tu humanidad tan mezquina, tan real.

Es mi manera de volverte inmortal. Concediéndote hacer edificaciones en el alma y así dar, sin que te lo imagines, homenaje a nuestros roces eternos, que fueron, ciertamente, más reales para mi piel que para la tuya.

Para ésta mujer, tu nombre es Guerrillero de la Piel. La eventualidad de un deceso por desamor te es poca cosa, pues tu arsenal de cariño es inagotable y tu lucha es transparente y sin cuartel.

Adentro de mi, dictas tú las estaciones; girando y rozando el suelo, arrancas, avientas, salpicas y ríes. Como siempre lo has echo, irás acusando, rompiendo y quemando todo lo frágil y vano.

Una flama tersa y calcinante es el monumento que corona el centro del huerto que fundé en mi alma, junto al mar de mis secretos, para que habite allí la inmortal versión mas valiente de ti. Sí, quemas, nada vive por mucho tiempo en las llamas, y es por esto que sé que yo me voy a ir primero.

Pero cuando yo muera, moriré en tu huerto. Te lo voy a pedir, una vez que a mi cuerpo haya llegado el eterno descanso de su suerte maldita que fue desearte como un bolero, que me coseches entonces en el invierno, Comandate Guerrillero. Que entierres mi bulbo y me mires surgir de mi entierro.

Me verás germinar de tu caricia, de tus amaneceres. De tu de fusil, de tu resistencia, de tu llama. Tu tierra corromperá mis senos y mi boca, y mis manos, y mi sexo; tanto y mucho más de que en vida fue tu deseo.
Harán raíces, tus árboles vivos, en mis talones. Los frutos llevarán el sabor de mi piel y las flores del durazno, mi aroma para que flote siempre en el viento estival de tu aliento.

Creceré encima de mis huesos una cama de hierbabuena, para asegurarme, cada noche y por siempre, el peso de tu cuerpo sobre mi. Súdame, platícame, defiéndeme de la ventisca que quiera invadir en el huerto; mece mis ramas con la brisa de tus pestañas.

Espérame. Con tu liviandad inapelable, con tu sed de juerga, espera por el primer sol eterno, por la última noche de tu cuerpo, que aquí, en el huerto de mi alma no te aguarda ni final, ni despedida. Solo tiempos de siega, en los que me encontrarás con renovados bríos de entrega, con nueva voluntad.

Perfumaré el viento del norte con salitre y brea, tú pintarás de algún azul las ruinas de mis muros, esos que, con tus manos heroicas, derribaste un día en nuestra juventud.

Millones de velas se han de encender, una por cada milenio que te anhelé. El sudor de tu frente, al amar, regará los pastizales y dará de beber a mis cigarras que harán las de trovadores cuando llegue la tarde. Te contarán ellas de la locura de mi deseo, te dirán todo lo que se queda al borde de mi ceño, todas aquellas cosas que te tenía que contar. 

Poco me importa que me quieras en ésta vida, que tu rapsodia adelgace con los años. Bajo la morada de mis huesos eres el que fuiste. Éstos son los hechos y, para mi, eso es todo lo que hay.


martes, 29 de enero de 2013

Efecto Prochazka. (Parábolas de Sabina. Segunda parte.)


Mundo sin materia ni espíritu, ni objetivo ni subjetivo; mundo hecho de tiempo; laberinto infatigable, mundo caos y mundo sueño.- Jorge Luis Borges.

1.

La vida es jungla de inmensidad insondable. Se necesita un refugio sobre las ceibas para no terminar aullando con las manadas.

Solo tú y yo conocíamos este sitio pequeño. La pajarera de mi alma.

Todo era claro entre el rumor de nuestras ropas y tu risa. Secreta traición a la jungla era mi himno; el borde de mis labios, tu bandera.  Llamé "Frontera", "patria" y "nación" a los lunares de tu mentón.
Nos acalorábamos y respirábamos del otro. Bebíamos del otro, recitábamos poemas fascinantes y nos conocíamos por nuestro nombre.

Solo aveces abríamos la mínima trampilla para ver juntos la luna. Aquella que declamaba historias eternas de valientes como nosotros, los que no son números, los que no cargan picos, que en la penumbra recitan, leen, tocan, beben.

Pero aquella vez no hubo luna.

Un olor animal penetra por la trampilla. Denso como las melenas asoleadas de un perro.
La mano de un hombre trajeado empuja y una horda obnoxia abate el umbral. Poco sirve ahuyentarlos, han venido a cenar.

Solo tú te vas. Tú, que como nuestra luna, irrumpiste violento y ahora te marchas con el perfume del pecado enredado en el cabello. No te quedas un rato a homenajear ésto que, en el crepúsculo, fue sin ser nada. Quizás vas a la caza de nuevos himnos y banderas. Resguardos más altos.

Máscaras de gente normal encubren los hocicos de estos farsantes que invaden el lugar, lo he visto. Han venido a devorarme, lo sé de cierto. Y tú te has ido. Solo tu crueldad permanece ahora que los lobos salivan.

¿Es por ellos que ya no me buscas con los ojos, es por ellos que tus dientes ya no acechan mis pliegues de mujer?


El mundo ha revelado su verdadero rostro. Esto un campo de concentración.
La súbita evanescencia de mi vida privada y tu partida me ha dejado clavada en el mismo lugar de la pajarera (días, milenios, horas).
Pedazos de mi intimidad, quebrados como cristales en la alfombra, son estrellas que orbitan y muerden mis pies desnudos.


Entre los gruñidos, arrinconada, me contento con hacer poesía de tus muslos. Desmitificarte es mi placer fugaz.
¿¡Qué importa si los visitantes en mi habitación se mofan de los que, como nosotros, hemos visto la jungla a través del ojo de la aguja?!

Que tus deseos fueron tangibles,
que tu rapsodia no es imaginaria,
que fuiste compañero real.
Ya no lo sé...

La mente ha abierto una nueva trampilla. Las mordidas rompen la piel, pero yo ya no estoy. Lejos de allí  me sumo en la oscuridad. Persigo tu perfume de pecado y llamo tu nombre hasta enronquecer. En el alma presiento que ya solo por tu número responderás.


2.

Pero últimamente todo me recuerda a ti. Te he escuchado hablar con cien voces.
Parece como si la furia de tus gestos hubiere puesto precio sobre mi cabeza.Me siento suspendida en el tiempo,en pausa desde el instante en que la razón impuso esta distancia larga como las sombras.

Aquí, tras las semanas, bajo la penumbra de las ceibas, de ti aun se todo. Sé que tomas demasiado. Sé tu centro es necedad apasionada. Sé que discutes con ciega fé a "tu causa". La palabra "destino" aún se te atora entre las tripas.

Imagino que en el fondo, tu nombre maldice a tu número con encono mortal.

Intuyo que guardas en tu almohada el murmullo de nuestros ojos.Que en el alfeizar de la ventana, te sientas en secreto a ver la luna. Posiblemente, llegada la noche del sábado, tu ego me añora, porque nadie lo alimenta como yo.

Poco darás, tal vez, por saber si he pintado o no. Si he comido,si he tomado. Si he sobrevivido a merced de la jungla. Si he escrito, si he desechado, si he reciclado mis letras (que son tan tuyas también).

Tu rapsodia, la que te llevaste contigo, regresa a mí y me rodea por todas partes. Como monzón. Cual gotas de agua que se fugan, lo mojan, lo inundan todo.

Has hecho todo por barrerme con la escoba de Hércules y yo todo por aferrarme a ella; por no perder la única Frontera, Patria y Nación que conoceré, las únicas que jamás he de traicionar. Por que ellas son traición en sí.




domingo, 6 de enero de 2013

Parábolas de Sabina. Primera parte.

Nos envolvemos furtivos en la violencia de un abrazo. Inconformistas y críticos de la perversa realidad que nos engulle sin remedio cuando no somos ésto que somos; cuando eres hijo, cuando eres empleado, cuando eres amigo y hermano. Desafías tus apetitos. Juegas a que no me sueñas.

Pero la frontera de mis labios sigue en estupor. Evoca la rudeza de tu barba; igual que el alma del cautivo liberado añora el encierro y la segura obscuridad. Te ausentas y yo continúo siendo ésto que soy, tu desvarío censurado. Tu apetito mutilado. Incinerada por el hambre de tus caderas valientes, inalcanzables como montañas.

Cuando vuelves, tú bebes alcohol y yo bebo de ti. Te embelesas en hablar de mi ingravidez. Hablas de mi feminidad como si hubieras poseído ya una como la mía. De ésta suerte te confías,convences a tus encarceladas pasiones de que al mirarme no te asesina la venenosa fijación de profanar lo admisible, lo decente, lo discreto.

Parodias con gusto exquisito al hombre rico de opinión y delgado de espíritu con habilidad admirable. Más, pese a la remilgada mirada horizontal del mundo, Franz, continúas siendo ésto que eres.

Aún, es aquí, en nuestras miradas veladas que logramos turbar el orden de lo habitual. Somos a nuestro antojo, con nuestra violencia que acaba siempre en muerte o éxtasis.

Ech(arte) los perros...Sociópatas y otras fieras.


Con bestias desnudas camino solitaria hacia el espejo.
Enroscado entre las sábanas,embriagado de plegarias, 
él yace en la cama con su alma.

Nunca me ha gustado la cogida fácil, pero no encuentro una mejor manera de sortear el control corporal. 

¿Amor? No. Los sentimientos se me van con la ropa.

Dignifico mis apetitos y les doy nombre de necesidad.
Lleno con poco mi plato.
Huyo a querer y a necesitar, 
huyo a lo que consume la carne con más rapidez que el alcohol.

Agoto rápido a los amantes insípidos y a los hombres de promesas solemnes,
los humillo a lo sumo y obsequio "te quieros" con acentos suplicantes.

Me observo la cadera por minutos,pienso en tí.

Sin promesas ni ilusiones,
explicaciones pocas,
escapo de la habitación colmada de los perfumes de su sexo y mi alevosía.
Con mi sombrero de hombre en una mano, cigarrillo en la otra.

Mi madre jura que actuar al margen de toda consideración emocional cumple un fin ético.
Es una mujer de principios fuertes y talante insatisfecho.

A las doce te encuentro para almorzar.

Te sientas enfrente y me golpeas con tus pupilas memorables.
Se dilatan ellas y se dilata el mundo.

Si, si quiero.
Quiero decirte que en sus párpados cerrados veía los tuyos.
Que me asesinabas con el revolver de tu mirada cuando en su cuerpo me cabalgabas. 
La gloriosa figura de un jinete hacia la libertad, hacia la nada.

En cambio te respondo. -He estado bien, he vuelto a pintar. (Te busqué en otro cuerpo y te encontré a medias.)
-La pintura emerge como una excreción,-Dices- como la risa, como las lágrimas, como la voluptuosidad, como tacto.
Continuas y rosas el dorso de mi mano...es el cuerpo el máximo delator.-Hacer frente al mundo en su sentido ausente; eso es contemplar tu pintura.

-No pinto para nadie.-Miento.- El sentido de la exposición se hace evidente como ausencia.
La pintura es pura existencia y en ella muestra su soberanía.

-lo profano.

-lo sagrado.

-Lo profano, pues, no sólo define lo sagrado, sino que lo absorbe y lo controla. Es la pintura el nacimiento de la pornografía.

-No, del erotismo, por que se vive con una melancolía perpetua.

-Como tú.

-Como tú.

Me encuentras de soslayo, taladrándote con los ojos,
siguiéndote sin paz ni sosiego.
Como le siguen los puntos finales a tus argumentos inconclusos
para no encontrarnos lejos de todo y hacernos el amor.

-Solo tú obtienes de mí suplicas auténticas. Solo tú humanizas al animal.

-Te ves mejor sin ojeras.-Bromeas.

Te sabes derrotado...Me siento victoriosa, pero,
como en cada uno de nuestros debates desbordados de mórbida sensualidad,
sé que, al final, no he ganado nada.

Pero ésta vez algo en ti ha cambiado,
ya no eres ningún niño y yo a ti no te sé decir que no.

Como la mujer con venas calientes que no puedo dejar de ser,
en ti buscaba tan solo un objeto para mi antojo,
pero tú, tú no eres solo eso.

Subimos a tu carro.

Que desafortunado deseo.
Lo sé.
Es tu fascinación por mí tu don intrigante 
con el que brillas privilegiado sobre el rebaño.
Debe serte cosa de milagro verme estoica a tu contacto. 
Cuando acribillas mi piel con tus asperezas y se humedecen mis ganas.

Cruzas las puertas de mi estudio. 
Ni una palabra se dice y la verdad es que no quiero romper el silencio,
sino tu camisa.

Soy la tésis de tu ego, el ensayo de tu virilidad...tu algo y tu nada.
Me tienes torcida.
Me tienes con la frente al suelo y boca arriba también, si quieres. 
Como yo, jamás otorgas certezas. 
Ni siquiera en la excitación.
Tiendes preguntas.
Tiendes mi espejo sobre la alfombra y
me esperas exhibiéndote para mí en el ventanal.

-Quítate la ropa.

Eres aborigen que ha dispuesto carbones encendidos para mi iniciación.
Yo camino sobre ellos.

Hasta para encuerarse hay que tener dignidad,
como un sultán que ha perdido a sus camellos y no los piensa recuperar.
Los pierdo uno por uno y doy pequeños pasos.

Libero mis bestias y gimes creyendo que no te he oído.
Quedo yo y mi sombrero de hombre.
Tú, el vouyerista de éste amorío entre mujer y objeto.

Escucho tu voz y ya no escucho nada. 
Preguntas por el dibujo del fondo, pido toda tu atención y te abro las piernas.

Tú encuentras el hogar.

Hemos hecho el amor con el cerebro ya tantas veces. 
Hemos hablado de sudores y arte.
Ahora lo hablamos con las lenguas muy de cerca.
Emanas calor, raspas y quemas.
Mi sombrero combina con tus sueños.
Tus caderas combinan con mis muslos, 
y la teoría de la colisión que hemos ensayado de palabra ya con minuciosidad se vuelve práctica.
Como un golpetear de alas en los cielos.

Eliminamos espacios entre tu paraíso y el mío.
Así siempre lo deseamos. Así siempre debió ser. 
Me enmarco en tu vientre y tú me cabalgas en la ventana.
Cantamos un tango.
Recitas a Wilde.

Eres una serpiente que no deja mi huerto sin explorar.
Me penetras y digitas música al viento,
acordes que penetran mis tímpanos también.
Reímos en medio de calores
porque todo erotismo acoge una naturaleza infantil.
Pinturas, risas, llantos;
todo emerge del cuerpo y lubrica a éste máximo delator.

Llega la noche en el mundo
El espejo,los cuadros, los vecinos, vouyeristas todos.

-Nadie me dijo que de ésto se trataba la vida.- Digo cariñosa de un modo triste.
Como si hubiera regresado de cazar tiburones y no importara que me faltara un brazo.
Me desconozco.
Tomas mi sombrero y lo haces tuyo.
El cabello cae sobre mi espalda.
Te veo encender uno de mis cigarrillos.
Siempre pensé que no sabías fumar. 
Como un perro salvaje, olisqueas mis aromas en tus manos, ensimismado.
-De esto se trata la vida, amor de nadie. De control corporal. Te quiero. Y mi alma yace en la ventana.-Me miras como quien mira el reloj.

Posees tus ropas de nuevo y posees el dibujo que te gustó.
Te llevas mi sombrero y mi reinventada fascinación.

Quién lo hubiera pensado, verme tumbada a mí.
Enroscada entre las sábanas, embriagada de plegarias.

Soy tu todo y soy tu nada.

Último Acto.



Durante dos días he pensado en ti con mi amigo sentimiento de imposibilidad desvanecido y etéreo como el vapor. 
Es el estreno de un momento, donde solo dos tienen entradas y uno de ellos aun duda en asistir. Verte lejano me sometía en un estado de éxtasis melancólico, tan dispar al estremecimiento de verte ahora culpable, desmoronándote como un hombre hecho de arena entre el tamiz de mi piel. 
Agradecido con tus miedos por aferrarse a tus labios, dejas sellar su salida con juicios ajenos a ti; mientras tu humano apetito de nuestro contacto te mira famélico desde su celda. 
Somos dos en el balcón, dos en el andén, dos actores silentes en un teatro de sombras que no conoce finales con beso, flores del Edén ni justicia para los que saben querer.

viernes, 4 de enero de 2013

Letras amordazadas


Editores, correctores de estilo, 
Ambicionan un caldo suculento 
y a la vez le temen al vapor ardiente de la olla.
Éste que sale y se libera por la pesa evitando un estallido por la inmensa presión.

Burócratas de la literatura 
que capitalizan la poesía, le dictan un ritmo para surgir,
un ritmo para ser leída.
Moderadores que cubren y transforman al trueno en un vals recatado. 
Un "uno, dos, tres" inviolable y lejano a una fuerza indómita de la naturaleza. 
Administradores tiranos de la bestia que es la musa. 
Subyugan como si éstas fuesen palabras que no salen de las tripas, 
que más bien necesitan franquiciarse, dirigirse, dosificarse.


Me explico, tibios míos: la poesía [arte al fin y al cabo] es el vaho del animal,
es crimen, es celo, es dolor, es latido.
Es amante desquiciado. Genio y locura.
Es mineral que nutre y es cristal que corta.
Escribir como,cuando y cuanto le gusta al lector convierte al autor en un mentiroso.


A Bukowski se le censuró por "respeto al público."
Se le quiso frenar y regular el ritmo y contenido de sus manifestaciones 
para evitar en sus lectores una asfixia por su cochina franqueza. 
El Marqués de Sade, al prohibirsele el pergamino, 
qué hizo sino escribir con su propia inmundicia y fluidos.
Él, más cuerdo que nadie, dilucidó que escribir es fluir, 
es lactar, es mear, es sangrar, es sudar. 
Es inmundicia y es desaliño, para eso no hay estructuras ni pautas. 
Es el cuerpo fiel a su materia y el alma a su corporeidad.
¿Refrenaremos entonces al mar?
¿Le diremos a la tormenta cuando estallar?
Pónganle bozal al jabalí, domestiquen a la voracidad.
Hagan pues lo suyo, pero esperen rabia,
esperen palabras bala,
Esperen nuestras espaldas inclementes,
Esperen desencanto y pesadez de la existencia.
No esperen nada.
Esperen muerte.

Se necesita amor a la vida.



¿Qué sucedería si un demonio te dijese: 
"Ésta vida, tal como tú la vives actualmente, tal como la has vivido, 
tendrás que revivirla, una serie infinita de veces; 
nada nuevo habrá en ella; al contrario, es preciso que 
cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro, 
vuelvas a pasarlo con la misma secuencia y orden.
También este instante y yo mismo..." 
Si este pensamiento tomase fuerza en ti te transformaría quizá, 
pero quizá te anonadaría también...
¡Cuánto tendrías entonces que amar la vida 
y amarte a ti mismo para no desear otra cosa 
sino ésta suprema y eterna confirmación!
-Anónimo.

El eterno retorno.

Antes de volvernos locos escribamos una salida a éste libro cíclico, 
el que termina con su principio, y empieza con su final.
Labremos perfección, maestría, supervivencia, revelación, revolución.
Haremos pilares con cincel.
Pilares de ideas paganas y luminosas para una puerta magnifica
que lleva a la liberación de éste mediodía sin fin,
a la gloriosa muerte,para no volver jamás.

Estamos en el umbral.¿De verdad queremos escapar?
Somos un mandala, un dibujo en el aire cuyos extremos surgen en las puntas
solo para volverse a adentrar.
Los incontables pétalos de una rosa,
la incesante marea que regresa todo lo que un día se robó.

Ésto es el eterno retorno.
Presentimientos.
Déjà vu.
Almas gemelas.
Miradas que se fugan y se encuentran.
Personas que llamamos con el pensamiento.
Responder el teléfono antes de que empiece a sonar.
Decir lo mismo,al tiempo exacto.
Karma.

Hemos estado aquí. Infinitas veces.
Infinitas veces vamos a regresar.
Entenderemos lo mínimo y recordaremos muy poco.
Desesperaremos, labraremos, escribiremos
y en el umbral dudaremos si queremos escapar.