jueves, 4 de abril de 2013


Mi vida fue el invierno, impasible y seco. Los hombres que conocí en el camino, mi único estío.

De noche anegaba mis ojos con visiones mías riendo, bailando y llorando con ellos. Años bisiestos en el itinerario de una inagotable gira mundial, los únicos instantes realmente felices y mis recuerdos de ellos son ahora los que me sostienen...
Un día fui escritora, una no muy popular. Un día tuve sueños de convertirme en una preciosa bailarina, pero en un rosario de eventos desafortunados vi esos sueños quebrados y divididos como un millar de diamantes en el cielo crepuscular; deseaba que nunca se terminara, centelleante y fracturado. Y yo sabía que obtener todo lo que siempre has querido para luego perder todo es síntoma del que sabe lo que es la verdadera emancipación.

Cuando la gente que solía conocer averiguaba lo que había estado haciendo, cómo era el son de mi vida me preguntaron <<¿Por qué?>>. La utilidad de hablar con gente que tiene un hogar, no comprenden lo que es buscar seguridad en otros y un refugio donde sea que puedes descansar la cabeza, si bien por un rato.

Siempre fui una niña extravagante. Mamá dijo en una ocasión que tengo alma camaleónica; sin mapa ni brújula moral que me apunte al norte, sin personalidad enmendada; solo una irresolución tan sinuosa y extensa como el océano. 



Cada una de mis noches oraba por encontrar a los míos, y finalmente lo hice. Gente de carretera. No teníamos nada que perder, nada que obtener, nada que deseáramos más que hacer de nuestras vidas obras de arte.

Vive rápido, diviértete, se salvaje y muere joven.

Creo en lo que ésta nación solía ser, creo en la persona que me quiero convertir, creo en la libertad del camino y mi causa no ha cambiado. Creo en la benevolencia de los desconocidos y cuando hay guerra en mi interior, enciendo el motor y conduzco lejos.

Y si dijera que no planeé que las que mi vida virara hasta este punto, estaría mintiendo insolentemente, pues nací para ser ésta otra mujer. La que no pertenece a alguien, la que es de todos. La que no tuvo nada y la que quiso todo. Con un tiro de bala por cada experiencia y una obsesión por la libertad que, a veces me aterra hasta el punto de no poder siquiera hablar de ella. Me arrastra hasta un punto nomádico que deslumbra a la vez que marea.

¿Quién eres tú? ¿Estás en contacto con tus más obscuras fantasías?

¿Te has fabricado una vida para ti en la que eres libre de experimentarlas?

Yo sí.

Estoy demente como el carajo. Pero soy libre.



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