viernes, 2 de agosto de 2013

Misiva para Jane. (The Foreverness).




La parte trágica del chiste de Dios radica crear dos personas perfectas, una para la otra, y colocarlas en un plano incompatible. Dos ideas diametralmente distintas de lo eterno que se empalman como el mar y el cielo. Eres fugitiva del aquí y ahora, y yo del mañana y para siempre. 


Viajo en la vida, perdida en la transparencia de una hoja empapada del sol de la mañana, mientras tú, lejos de aquí te embebes en la perspectiva de los rayos que iluminarán un día que ni siquiera has visto venir. Lo ilusorio vuela tu mente como lo real y palpable vuela la mía. 

Como verás, mi amada J, nuestra sinfonía no es tan distinta después de todo. Es solo que mis fragmentos se arremolinan y eligen las notas más improbables, las más tirantes; y tus fragmentos, aunque paralelos a los míos, eligen hallarse en una armonía tan cadenciosa y brillante como trágica y comprometida. 


Temo que debemos entender que nuestro misterio es de fondo un error de percepción desde trincheras opuestas. Pienso, es bendición disfrazada de maldición ésta eventualidad de ser ritmo que abate, acordes accidentados, letra impronunciable; música que nadie, hasta ahora, ha sabido interpretar. 


Últimamente todo es demasiado y ya nada es suficiente.


V.

No hay comentarios:

Publicar un comentario