lunes, 9 de noviembre de 2015

Cuando el animal gruñe, la mujer calla.




Siendo el vértigo un deseo oculto por dejarse caer,
yo te declaro culpable de provocarme vértigo descomunal.
Esta naturaleza tuya tan inclemente, es condena para mis días.
Como la mujer que se asoma desmesuradamente por el balcón
para robarle un vistazo al nuevo amante de su vecina, yo;
en un absurdo apetito por descifrar lo que dominas cuando encojes los hombros,
cuando cierras los ojos, como amurallas tus juicios al morderte el labio
y cuando aprietas los dedos;
me asomo sin mesura en los balcones de tus ojos marrón,
acaricio tu barba,
me anclo de tu espalda con el pavor y la liviana dicha de ser
ésta noche
ladrona fugaz de tu monstruosa humanidad.

sábado, 7 de marzo de 2015

La lluvia y la muerte de Dostoievski


El aire fibroso se arremolina y silba.Quizás no sea un silbido y sea más bien un suspiro; como el que va y viene en quien duerme, desea y espera.
El aguacero de gotas cargadas con furia ancestral, estalla sobre las calles de la ciudad, tiñe a motas negras las banquetas tiznadas y manchones amarillentos en la ropa de cama tendida en el balcón. Repiquetea en los  hombros de los paseantes incautos, como quien en la calle saluda desde la espalda a un viejo amigo. Las muchachas corren buscando refugio de la súbita tempestad. Habrán, si acaso, dos o cuatro niños que, fugitivos del ojo de una madre que remienda prendas para vivir, encuentren la ocasión de verse enfrascados en una aventura submarina, si no la más peligrosa, una sin precedentes.

¿Qué se agita en una sola gota de este aguacero? ¿Es un universo silencioso? Multiversos líquidos, intrascendentes según las escalas de lo que sí trasciende y agita al mundo acorde a la escuela de Tolstoi.

¿Qué sucede donde no pasa nada? ¿Nada? Cúmulos cargados trazan gruesas líneas que avanzan una tras otra en una persecución perpetua. Los rayos del sol se plegaron desde horas tempranas detrás de un pañuelo plateado que ha revestido el cenit del mundo.  ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que sucede? ¿No es lo mismo? Tal vez no sea lo mismo. No es lo mismo pasar que suceder.


Existe una ventana. En su alfeizar colmado de agua helada los dedos de una dama ejecutan una danza en miniatura que cesa solo para alzar la vista y encontrarse con la figura de su marido. El adusto catedrático repica en la alfombra, con la zuela de sus zapatos franceses, un redoble maquinal que ha dictado cadencia para la pequeña danza de su esposa, al otro lado del comedor. Ella mejor que nadie sabe reconocer, por encima de aquel mostacho frondoso, un dejo de la más sutil y auténtica desesperanza. Ella entiende que la cita para el café y pasteles en casa de su amiga se ha visto frustrada sin posibilidad de reparación. El entiende que los pactos que removerían la economía familiar y el porvenir de un pueblo hambriento tendrán que aguardar para otra ocasión. Esta agitación burguesa no conoce madres que remiendan y de sus hijos exploradores del abismo marino. Para ellos; absorbidos por la sórdida disyuntiva de la política, la frustración futíl, los buñuelos fríos, el ruido de la cucharita revolviendo el azúcar en el té; en los jardines del palacio, en la calle suceden las gotas de lluvia pero no pasa nada. Pero ¿Que es Nada? ¿Qué es eso que no sucede? ¿Qué no pasa?
¿Y si de verdad en una gota no pasara nada? Como una suerte de espantosa quietud.

En los patios del palacio, los corceles de las carretas se inquietan con el bramar de nubes verdosas cuando colisionan y se apeñuscan unas sobre otras, como bestias quiméricas. El jardinero real, guarecido en un balcón, se ha resignado a solo mirar a sus amadas flores, a las que ha apodado "esposas" por razones que ésta vez no he de explicar, perecer bajo el plomo de un diluvio que por designio de lo alto no conoce piedad.

Para el jardinero, triste, mucho de nada desemboca en tempestad o en algo peor.
¿En muerte, si acaso? ¿Ella que no es verdugo y que no es para aparecer en el acto primero o segundo de la vida de nadie ni nada? ¿Ella que no es personaje que merezca una justa interpretación? Gotita. Tormenta. Traba de pactos políticos.
Ella que no llega, que no sucede, que no se va ni se interpreta. Esa muerte que es Nadie y es Nada. Es teatro del pueblo. Es cielo para las gotas que caen, calle para las gotas que se estrellan, juerga para los niños tan gritones, doble jornada para las madres tan solas, el fin del mundo para los corceles ariscos y para las esposas nardos y rosas. No pasa, se queda: porque todo por la muerte y por la lluvia sucede o se sucede por ella misma.